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domingo, 12 de enero de 2025

Más de 25 años al frente de las letras y los que tenga por delante

  


No pude despedir el año sin compartir en redes algo muy importante para mí como autor. Este relato tiene mucho que ver, pero es más bien una forma de ilustrarlo. En este 2024 he cumplido 25 años como escritor. Todo comenzó con este relato que os comparto (como lo recordaba en 2010), que escribiera en diciembre de 1999; cuando nos preocupaba, a mí el primero, el efecto 2000 o que la caída de la Mir provocara el fin del mundo. Qué os voy a contar a estas alturas cuando mis blogs acumulan no pocas entradas en las que hablo de mi trayectoria como autor. Procuraré no espamear mucho. Os dejo esta en la que cuento mi historia según me acuerdo. Sigamos con nuevos recuerdos y al final propósitos para el 2025 y los venideros.

 Pasé de imaginar historias y sus diálogos con los muñecos a las letras cuando tuve este primer ordenador que corría con MS-DOS. Por mucho que he buscado en internet no he encontrado nada ni de aquellos ordenadores Canon ni de aquel primigenio Word. Entre lo que podía ofrecer, como si fuera un juego me piqué al procesador de textos. Después de este relato recuerdo mi primer conato de novela que quedó en otro relato. Fue mi primer interés en el género de terror. Lo escribí con Enigma MCMXC de fondo; además, el casete original de 1990. 


Por lo que recuerdo, vi una noticia de una familia o un hombre que se disponía a dar la la vuelta al mundo en su velero. He encontrado una noticia de una familia vasca que llegaba de dar la vuelta al mundo en su velero, por esos años 2000, pero no me suena a la noticia que me inspiró esta historia. Comenzaba con una familia gaditana que se embarcaba en su velero para dar la vuelta al mundo. Ya no recuerdo bien si llegué a escribir o quedó en idea cuando desembarcaron en una isla y pasaron la noche en un monasterio encantado (aquí está la influencia de Enigma). Y ahí quedó inconcluso.

 Pero si alguien despertó mi interés en la literatura (ya era un buen lector con algún reconocimiento de la profesora cursos antes) fue don Francisco, mi profesor de Lengua del colegio y la susodicha lección sobre los textos literarios. Después de ese primer relato ya no paré. Continúe muchos años escribiendo por gusto, a mano y a ordenador, hasta que años después de terminar mi primera novela En busca de su encuentro, me lancé a autopublicar. Esa fue la primera novela publicada, pero en el ordenador aún conservo con cariño Las historias de Roberto; 50000 palabras que escribí en el verano de 2006 en WordPad, en un ordenador que corría con Windows NT. Como historia juvenil está bien. Me influenció la serie argentina Rebelde Way. El plato principal fue la logia, a semejanza de la referida serie. Pero cuando lo leo de vez en cuando me echo unas risas. Tiene hasta faltas de ortografía.

 Qué vamos a decir del arduo camino de los escritores... Hay que desahogarse, pero también quedarnos con las muchísimas ventajas; comenzando por pasar de escribir como algo individual a formar parte de una comunidad como la nuestra. Haciendo balance del año, me quedo con vosotros. De verdad que sois lo mejor que he descubierto y en concreto por Threads donde no nos limitamos a comentar. Queda mirar hacia adelante, hacia el 2025 y toda una carrera por delante.

Vamos terminando con los propósitos. Sería lo suyo dar por finalizado el libro monográfico sobre la historia del ferrocarril en Córdoba, del que he hablado en alguna que otra entrada. Lo comencé en 2015, así que va siendo hora de terminarlo, ¿no? Junto con este libro de no ficción, mi prioridad es continuar la trilogía de Arcadia. Ya he dicho en otras ocasiones que tengo el manuscrito del segundo desde.... ya ni me acuerdo. Tengo planeado el tercero y quizá escriba el manuscrito aunque no haya publicado el segundo. Como habéis visto, en Amazon puedo autopublicar lo que quiera y cuando quiera porque no tengo que realizar mayor inversión que las tasas del registro y los blocs de acuarelas si el libro es ilustrado. Pero En el nombre de Arcadia se publica con una editorial de autoedición, Ediciones Arcanas en concreto, que lleva un presupuesto porque el trabajo del equipo tiene su valor (creo que todo el mundo comprende esto). Siempre recalco que prácticamente ningún autor paga la edición de su bolsillo gracias a las campañas de crowfounding o micromecenazgo. Ya he hablado del tema en redes. No sé en otros países pero en España tienes que darte de alta como autónomo tan solo para una campaña. Si os interesa, consultad la guía que ofrece Verkami; una de las plataformas más populares entre los autores. Y este ejemplo con Anheron: Sentimientos de cuero y acero de Jorge Díez Miguelez.

Regresando a mi caso, la edición del primero de la trilogía la costeé con ahorros y por entonces, iluminado yo, creía que con las ganancias me alcanzaría para costear las siguientes ediciones. Qué os voy a contar y más a mis compañeros autopublicados. Habrá que tomarse cada vez más en serio la promoción, escuchar los consejos de expertos y currárselo. No hay otra. Mientras tanto, escribimos por amor al arte y con la autopublicación lo tenemos más fácil; publicar se democratizó. En mi caso, publicaré el ya referido como caramelito que tengo planeado en su correspondiente archivo. Quizá me pase como con El Chaparral que comenzó como una historia corta y terminó, sin imaginarlo, con una novela de 255 págs. y unas 90000 palabras. 

En cuanto a mi faceta artística, ya hablaré en otra entrada.

 No voy a poner el punto y final hablando sobre mí. Junto con vosotros, cierro un buen año donde he aprendido a valorar la suerte que tenemos al autopublicar, sin depender de la decisión de una editorial. Y ya sí que os deseo un año repleto de fuerzas para seguir desarrollando vuestra pasión. Aquí estaremos mientras tanto para celebrar los triunfos y apoyarnos en esos otros momentos.

Gracias por leerme... por estar ahí.


 

sábado, 21 de diciembre de 2024

Presentación de "Miguel y Martina y el sentido de la Navidad"

 


Podéis tomar asiento. Vamos a esperar unos minutos más a que estemos todos. Disculpad que no os pueda ofrecer café y unos mantecados… imagino que lo comprenderéis. Tampoco puedo ofreceros ejemplares, sino que tenéis que adquirirlos exclusivamente en Amazon. Bien, ¿estamos todos?

Muchas gracias por asistir a esta presentación del que es mi quinto libro…. [inserte aquí risas].

 

Hay que tomárselo con humor. Algún día podré presentar algún libro futuro de manera normal. Para que tengáis una idea del que nos atañe, qué más da escuchar una charla en un salón de actos que leer aquí lo que diría en ese supuesto. Ahora sí, comencemos.

No puedo estarme quieto. Al mes de publicar El Chaparral, allá por agosto, me apeteció escribir algo para Navidad y esta vez dirigido a los protagonistas del espíritu navideño: los niños y los mayores que mantienen vivo al niño que lleva dentro. Después de la reciente polémica con lo de «niñombre», o también «niñajer», por mi parte a mucha honra. Y ese niño que llevo dentro quiso escribir lo que en principio no sabía si sería un relato o una novela. Como ya es habitual, antes de comenzar a escribir un nuevo libro me gusta empaparme del trabajo de los demás. Por casualidad encontré en uno de los repositorios de mi ciudad un libro infantil ilustrado. Era mi primera incursión en la literatura infantil, así que seguí documentándome por doquier. Tenía nociones sobre psicología infantil, quién no, pero quería hacerlo bien. Aprendí una regla de oro: los libros infantiles no pueden escribirlos niños; ni siquiera los niños que llevamos dentro. Ahí entré en conflicto porque ya tenía planteada la historia, y ya os digo que autobiográfica. Al final comprendí a qué se referían. Hay que escribir para niños teniendo en cuenta la forma en la que te diriges a ellos; si pretendes contarles una historia entretenida sin más o además transmitirle una moraleja; sin hablar en el caso de la ilustraciones de los colores, las formas y la propia puesta en escena. 


 

Aquí veis mi técnica para ilustrar, ya favorita y eficiente, mediante lápices acuarerables y para la ocasión perfilado con rotu. Me chupé un blog de acuarela de Canson en formato A5 y pasé al de A4, donde dividí algunas páginas para sacar dos por cada.

Ya lo tenía todo para que el adulto que soy contara una historia a los niños sobre el niño que fui. Ahí tenéis, de hecho, que el protagonista se llame Miguel, entre otros aspectos que os contaré a continuación. Y respecto a Martina, es más especial si cabe. El mundo conocerá a la verdadera Martina dentro muy poco; el mes que viene si salen las cuentas. Tuve en mente que cuando crezca y vaya tomando conciencia, su tito ya quiso rendirle homenaje cuando aún estaba en el vientre de su mamá.

Salió un relato de 12234 palabras que escribí en seis días: del 14 al 19 de agosto. Lo escribí muy rápido y lo disfruté muchísimo, como os adelantaba, al rememorar mi experiencia por la cual siempre mantendré vivo ese niño interior y ese espíritu navideño. ¿Qué puede tener de interesante? Para quien le atraiga algo como esto, y me refiero a las Navidades desde el punto de vista de una familia de barrio como la mayoría que no vivimos ni nos hemos criado en palacios. Con esta historia reconozco el esfuerzo que hacían mis padres por ofrecernos a mí y a mi hermana unas Navidades inolvidables (inolvidables que no lujosas). Ahí está el quid de la cuestión. En un mundo que observo cada vez más gris y complicado (que no complejo), me aferro a mi infancia; claro que sin olvidar que soy adulto. Ya me entendéis y, por cierto, ya profundizaré en mi relación con la nostalgia en una reflexión en el blog hermano. Respecto al tema, me sorprendí al recrearme en recuerdos del año en el que se ambienta este libro, Navidades 1991-1992, en las que tenía tan solo tres años. Uno de los que destaco, cuya ilustración podéis ver de pasada en el vídeo donde muestro el ejemplar en tapa blanda, es una tarde en la que me llevó mi padre en tren a Cortylandia de la vecina Sevilla. 


 

Hasta la fecha sigue siendo más importante de mi vida… incluido ese dedal. En otra escena transcribo la letra de Duérmete niño, pero ninguna versión que podáis encontrar en internet (por cierto, versiones feísimas respecto a la nana que me cantaban). Y en el aspecto visual, en la ilustraciones veréis la habitación, el árbol, el belén y algo más de mi antiguo piso (para los de Latinoamérica en España es sinónimo de vivienda departamento). Veréis que junto con los recuerdos he tirado de álbum de fotos. 

Para esta imagen, tras lo leído hasta ahora, sobran las descripciones, ¿verdad?

Con esto voy cerrando esta verborrea tan habitual en mí. Dejamos para el final lo más importante que es el propio sentido de la Navidad que da subtítulo a Miguel y Martina (si leéis el libro, y hasta el final, sabréis por qué lo digo). En mi caso, las Navidades fueron evolucionando, como podéis conocer si leéis la entrada que escribí el año pasado en el otro blog. En mi casa, que éramos pobres y ahora tampoco es que seamos ricos, siempre hemos procurado ser felices y valorar lo poco o mucho que teníamos. Con esto quiero transmitir que el sentido de la Navidad no es lo material. ¿Y lo inmaterial/espiritual? Eso es muy ambiguo. En el libro, a la par que relata una historia atractiva con toques de fantasía, los niños lo entenderán con los supuesto que se dan. Los niños son más inteligentes de lo que pensamos los mayores, de hecho. Algo que a nosotros se nos pasa porque nos perdemos en nuestras complicaciones, ellos captan al vuelo hasta el simbolismo. Os cuento al menos uno de los supuesto un tanto interesante y con esto veis por dónde va la moraleja. Recurro una vez más a mis recuerdos. Era un peque en mi antiguo piso cuando por Reyes pedí la casita de Polly Pocket, que se me antojó al vérsela a mi prima, y la granja de Pinypon. Para situaros en el tiempo, os hablo del año 93 o 94. Nunca olvidaré que los mayores me decían que eso eran juguetes de niñas. A mí me daba igual; era lo que le pedí a los Reyes Magos porque simple y llanamente era lo que me gustaba. Con esto digo que los mayores debemos aprender de los niños con su simpleza y humildad; algo que evidencia en la historia los nuestros protagonistas. ¿No son las Navidades un tedio porque así nos las tomamos? No nos olvidamos de Valencia y en estas fechas menos. Hace un rato, por azares del destino o esos mensajes, me ha aparecido un vídeo en TikTok de Paiporta donde han alumbrado un árbol que sobrevivió a la riada. 


 

¿Qué ganas va a tener esa pobre gente de celebrar las fiestas, si es que pueden con los ánimos y pertenencias materiales y humanas que les quedan? Y sin embargo mirad… Es comprensible que en estas fechas nos acordemos de los que faltan o la familia que no se habla con nosotros, sin contar todo un mar de problemas, pero ¿son peores si las comparamos con los afectados valencianos que como pueden van a celebrarlas? U otras circunstancias que tienen su lugar en el libro. Las Navidades son lo que sientes; cómo las percibes desde el punto de vista espiritual. Lo tangible como es el árbol, el espumillón, los mantecados, los langostinos, los villancicos, los primos de Zamora que vienen a cenar por Nochebuena, las luces e incluso el belén, es un atrezo; un complemento; un aliciente que alimenta nuestro espíritu navideño —como el alumbrado navideño que nos incita a comprar—. No vamos a debatir ahora el sentido de la Navidad porque eso, valga la redundancia, da sentido a este libro. Y no lo he explicado en este párrafo. El verdadero sentido de la Navidad lo aprenderán nuestros protagonistas como una herramienta que les permitirá celebrarla con lo poco que tienen y los pocos que tienen: su padres y su canario.

Ya sí que voy poniendo el punto final. Por último, os digo que lo he escrito con la idea de que los niños no se limiten a leer; a escuchar una historia que alguien les cuenta. Como os decía al principio, en esa inspiración di en un libro del estilo con una última página dedicada a unas preguntas para que los lectores digan qué les ha gustado de la historia y similar. Además, se me ocurrió algo más. También es interactivo en el sentido de que los niños se hagan preguntas y traten temas con los mayores; también en aspectos más mundanos pero interesantes para ellos como que pregunten a los mayores qué eran las pesetas.

Ya sí que me despido por el momento. Gracias de antemano por darle una oportunidad. Y más os agradeceré vuestras opiniones, ya no para saber cuántos lo han leído ni mucho menos cuántos he vendido, sino para conocer cómo lo han percibido niños y mayores. Termino con el vídeo del ejemplar en tapa blanda.

 


Felices fiestas.

Gracias por leerme

 

Podéis adquirirlo en Amazon.