jueves, 3 de agosto de 2023

El origen de "En el nombre de Arcadia. Mensajes de ultratumba" (el libro)

 

Antigua estación de Córdoba, cuya leyenda, originó lo que culminó en En el nombre de Arcadia, Mensajes de Ultratumba. En primer plano, a la izquierda, uno de los varios triunfos a San Rafael Arcángel, Custodio de la ciudad. También ocupa su lugar en el libro.

Yo estaba escribiendo un monográfico acerca de la historia del ferrocarril en Córdoba. Creo que todos tenemos un lugar que nos une y, en mi caso, esa es la antigua estación de mi ciudad. No fueron pocas las horas en la hemeroteca e incluso los viajes a Madrid al Archivo Histórico Ferroviario. En la historia de la vieja estación, me topé con su crónica negra. Muchos murieron arrollados en los pasos a nivel, otros pusieron fin a su vida —y no solo tendiéndose en la vía para que el tren les pasara por encima— o el caso que más me impactó: una mañana de niebla de octubre de 1988, el compañero que pilotaba un locotractor no vio al compañero que realizaba un cambio de aguja.

Recorte de prensa del mencionado suceso. Diario Córdoba, 20/10/1988.

 Por otra parte, en unas obras de remodelación entre 1952 y 1954, apareció un sarcófago romano que hoy se puede visitar en el museo arqueológico de esta ciudad. 

Recorte de prensa en el que se deja constancia de la necrópolis romana. Diario Córdoba, 29/09/1988.

En el proceso se sucedieron sueños o… pesadillas. En todos merodeaba la desvencijada estación y sentía que algo trataba de captar mi atención. Nunca olvidaré, a pesar de que los escribí todos, fue ese en el que entré por una puertecilla —con el edificio ya como sede de la RTVA— y bajé unas escaleras. Aún suena en mi mente esa voz que pedía ayuda. Allí abajo, un enterramiento de época romana. Un demonio mantenía atrapadas a esas almas que gritaban por ese que las liberara. En el otro también entré por una parecida puerta, aunque el edificio ya estaba en ruinas tras la clausura como estación. Al otro lado, la sala de espera de una morgue. No faltaba la portezuela del horno crematorio. Aunque todo estaba abandonado y ni los que vi sentados daban señales de vida. Eran muertos. Bajé a otro sótano y allí estaba la mesa de autopsias. El forense aún conservaba la bata blanca, pero, más allá de eso, era huesos, polvo y la maraña de pelo que conservaba en su cráneo.

Ese libro lo tengo en standby. Sería un crimen no terminarlo después de 100.000 palabras. Sí, los libros se miden en palabras. En el nombre de Arcadia ha quedado en 110.000 y, para comparar, Juego de Tronos tiene 298.000; Orgullo y prejuicio, 122.685. Como ya confesé en otra entrada, soy de dejar algo a medias y empezar otra cosa; ojo: para terminarla en otra ocasión. Por ese entonces, ya en la época de la pandemia, me hice mi dossier en el que anoté desde los sueños hasta la mencionada crónica negra. Le daba vueltas al asunto y la sugestión entró en juego: ¿Y si quisieran advertir de algo? Era irónico en el momento que atravesábamos. Me inspiró para una novela. Fue ahí cuando me empapé de teoría acerca de escritura creativa. Es de recibo agradecer a quienes, de manera desinteresada, comparten sus conocimientos en ese vasto mundo que es la red. Esta historia la titulé La vieja estación y comencé con el «método de nieve». Llegué a tener un buen desarrollo de los personajes y un argumento interesante. Quería escribir una historia de terror y podría poner en la portada «basada en hechos reales».

El cómo el confinamiento afectó a la sociedad influyó mucho. En ese tiempo el que pasamos del «todo va a salir bien» a descargar la zozobra unos contra otros, me eché después de comer y me relajé con uno de esos vídeos de música ambiente. Ahí descubrí en verdad el tema de los hobbits de la banda sonora del Señor de los Anillos. Qué paz en contraste con lo que ya sabemos. Leí los comentarios y todos coincidían en que les gustarían vivir en un lugar como la Comarca. Otros hablaban del maestro Tolkien y lo que quiso trasmitir con su obra, hoy reconocida como la biblia del género de fantasía. Busqué por internet lugar pastoril, el paraíso terrenal, y me apareció la región de la antigua Grecia que a grandes escritores inspiró: Dante en su Divina Comedia, la Arcadia de Lope de Vega, Cervantes o Virgilio en sus Bucólicas. Para otros, vivir en armonía con la naturaleza, en libertad, en discordancia con la vida ociosa de la grandes ciudades de Roma y Grecia, era cosa de salvajes campesinos. Polibio y Ovidio lo veían de esa forma. Este dilema tiene su influencia y la Arcadia de este libro y en él se presenta el conflicto que toda historia debe tener.  

La Arcadia pastoril y bucólica retratada por Friedrich August von Kaulbach.

Estaba bien escribir esa novela de terror, pero… bastante terror en vivo teníamos ya con el maldito virus. Seguí trabajando en La vieja estación, pero llegó un momento en el que paré. Se me vinieron ideas, en plan brainstorming: ambientado en la Edad Media, fantasía, se podía incluir terror y, sobre todo, un comunidad inspirada en los hobbits y un lugar en la Comarca. Tolkien quiso trasmitir valores a través de una historia a la que ninguna se le podrá ni igualar. Me influyó en ese aspecto. Por supuesto, comencé por leerme la trilogía de El Señor de los Anillos. A la vez, previa formación y empaparme de eso que llaman wordbuilding, empecé a trabajar por ese mundo que toda historia de fantasía y ciencia ficción necesita. No quisiera extenderme con la jerga cuando lo tenéis en internet, si despierta curiosidad.

La construcción del mundo no es suficiente si se quiere empezar una historia densa; más en el caso de una trilogía y… para empezar. Tras escribir que este mundo se creó con el Big Bang, los pasajes a modo de libro de texto de historia (en verdad, me inspiré en la Biblia, como hizo Tolkien con el análogo Silmarillion) e incluir hasta algunos recetarios con platos y bebidas típicas de Arcadia, pasé a la ficha del libro y al mismo método del copo de nieve. Al igual que pasó con el extenso mundo en el que Arcadia es un región de todo un planeta, el lore de esta primera novela se me fue de las manos: reseñas biográficas de los personajes, descripción física y psicológica, la escaleta con cientos de escenas y un extenso argumento dividido en ochocientos actos. También hay miles inspiraciones y simbolismos que iré desgranando poco a poco.

Me resultó curiosa una costumbre de la reconocida Isabel Allende: cada 8 de enero, coincidiendo con su cumpleaños, empieza a escribir un nuevo libro. Mi cumpleaños es el 31 de enero y, copiota yo, empecé en tal fecha la ficha de la novela que, en aquel principio, titulé Los guardianes de Arcadia. Al final quedó como título de un capítulo. Terminé este informe por verano. El método de nieve te va abriendo el apetito y acaba con el ansia por empezar a escribir la novela. La que nos atañe la comencé el 12 de julio de 2021 y al poco le cambié el título. Quizá me influyera El nombre de la rosa de Umberto Eco. «En el nombre de Arcadia» se me vino de repente, como las frases que al momento anoto en mi libretilla para que no se me olviden. Suena a «En el nombre de Jesucristo». Por ahí va la cosa. No voy a entrar en detalle, que sería tan extenso como el lore o este mundo ficticio. Se trata de que el lector perciba por sí mismo. Una regla de oro para los escritores es no dar todo hecho; que el lector piense y nos lean con la mente abierta. De ahí que destaque la frase que se encuentra en las primeras páginas y en una de las solapas. 

Antes de comenzar a escribir, me confeccioné este mapa (en principio dibujado con indeleble y terminado en digital). Iba a ser el definitivo y, bueno, fue un apoyo a la hora de escribir el viaje de los personajes. Por cierto¿ A qué región os recuerda? Aquí tenemos otra fuente de inspiración.
Uno de los dibujos que hice para el booktrailer. En el libro estas son las marismas del bajo Abaíndeva. En la realidad, encontré inspiración en las Marismas del Guadalquivir. Al fondo, el pueblo de Tanimach está inspirado en Lebrija (Sevilla); donde están mis raíces y el que considero como mi segundo pueblo.

No sé cómo lo escribí tan rápido. En comparación, En busca de su encuentro, con 42.000 palabras —las que tiene solo la mencionada ficha de la novela— lo terminé en tres años. Claro que, al primero le dedicaba ratos de vez en cuando y este varias horas todos los días. Esto no es ego, es la verdad: me enganchó como el lector que no puede dejar de leer. Terminé el primer borrador o manuscrito —los que conocen la jerga de los escritores sabrán a qué me refiero con «primer borrador»— en la Nochebuena de 2021… y en torno a la medianoche. Por entonces ya tenía contacto con la editorial, que merecerá una entrada propia en la que contaré mi gran experiencia, y les comenté en broma que Papá Noel me trajo el terminar el manuscrito. Poco después empezamos a trabajarla hasta convertir ese borrador en la obra que hoy ve la luz.

    Por cierto, ¿y qué relación tenía la antigua estación y los sueños? Trasladé mi experiencia y, la historia que iba a relatar en La vieja estación, al personaje de Maddox.

Aquí un fragmento, extraído del mismo Word, que narra uno de los sueños de Maddox. En realidad, este fue uno de los referidos al principio. Solo hay que cambiar la Casa del Jardinero por la vieja estación.

   Aunque, Maddox no es mi alter ego. He repartido partes de mí entre muchos personajes y muchos otros están inspirados en personas que considero muy interesantes y queridas, por supuesto. En lo que respecta a esta historia, encontré ese final; el significado que quise darle. Vamos a hablar claro: el mundo postpandemia quedó hecho una pena (por no decir una grosería). Y lo tomé como una misión: salvar al mundo [inserten aquí risas].

   Las redes son una ventana en la que observamos a la sociedad; la mentalidad de la mayoría. No solo en comentarios de Facebook; mis amigos, que trabajaban de cara al público, notaron que la gente estaba a la defensiva; llegando en muchas ocasiones a faltar al respeto. Y era comprensible. Estar encerrados durante tres meses, a unos les afectaron más y otros pudieron sobrellevarlo mejor. Ni qué decir de la influencia que contabilizar miles muertos, ver el Palacio de Hielo de Madrid tapizado de féretros o quienes vivieron la experiencia. Ahí fantaseé y me imaginé que esas voces de ultratumba de la vieja estación advertían de ese cataclismo que estaba por llegar. Por eso escribí este libro como respuesta a esos mensajes de ultratumba. Arcadia es un reino en la novela y las tramas son entretenidas, pero no quise que quedara ahí. No puse en el sitio de Facebook «Bienvenidos, arcades» porque sí. Si Arcadia traspasa las letras y se convierte en una comunidad en la que ensoñamos con el legado que nos dejó la bucólica de la antigua Grecia o la Comarca, en la que nos unamos frente a los problemas que a todos nos afectan, en donde vuestra voz sea enriquecedora, lo que comienza con un libro habrá cumplido su propósito. Y tampoco consideremos ostentosa la idea de una comunidad. La página de Facebook, Twitter, Instagram y tanto este blog como Así es la vida, pretenden ser ese lugar de encuentro de la Arcadia virtual. ¿Por qué? Imaginad a dos que discuten porque ha perdido el Madrid y ha ganado el Barça, pero ambos trabajan 12 horas y aún así se les atraganta la hipoteca y les han llegado el aviso de desahucio. Al ejemplo me remito. Pero que Arcadia quede en unos libros o transcienda a una comunidad, eso ya no están en mis manos; depende del jurado: vosotros. 

Nada es irrelevante en esta historia. Ya en este escudo de Arcadia, la espada contra la horca (símbolo de la lucha entre el pueblo y el poder) por la tierra roja de Arcadia, va implícito uno de los muchos mensajes. Como autor, pretendo hacer pensar al lector; partícipe como un arcade que viaja más allá de las letras.

 

Lo primero a destacar es el marcapáginas personalizado, cortesía de la editorial. Por detalles como estos y muchísimos más, de entre miles de editoriales de autoedición, elegí Ediciones Arcanas. Aquí tenéis la sinopsis. La imagen representa a Kelvin, el bardo, escribiendo la historia con la que da comienzo En el nombre de Arcadia.


 


domingo, 23 de julio de 2023

Casual, o no, encuentro con el origen. Donde empezó todo

 

El origen y la consecuencia posando juntos. Mucho simbolismo tiene esta imagen. Uno como el resultado de otro.

Esta mañana de 23J, madrugué para tomarme el café y arreglarme con tiempo. El primer pensamiento del día lo he dedicado a los políticos —me ahorro los detalles—. Me presento, una vez más y consecutiva, en el colegio electoral. ¡Vaya, qué pena! Constituyeron la mesa en la que debiera de haber estado ocupando el cargo de suplente 1º de presidente. Asegurado de que cumplí con la ley, me marché.

Parece una minucia. De vuelta a casa me llamó la atención el efecto de los rayos de sol que se colaban entre las nubes. Busco esa imagen, con ese efecto y en un lugar determinado, para las acuarelas que crearán la portada del tercer libro de En el Nombre de Arcadia. El pasado año se instalaron diversos puntos de Córdoba depositarios de libros. Atendiendo a la llamada del libro, como si de un ritual se tratara, me paro en todos los que me encuentro. Quizá estuviera en el momento y lugar indicado o quizá no fuera casualidad. Salta a mi vista El misterio del eunuco, de José Luis Velasco. Y aquí comienza la historia:

Uno no se levanta un día y dice «¿qué quiero ser de mayor? Escribir libros mismo, a ver si me hago famoso y gano mucho dinero». Hay quien lo piensa así. Como ya comenté en una entrada dedicada a la Navidad en el blog de Así es la vida, la primera historia la escribí en 1999, en un ordenador Canon, monitor monocromo —los caracteres eran tan verdes que cuando apartaba la vista lo veía todo morado— y MS-DOS. Bendito regalo de mi primo Juan Antonio Ríos. Pero la verdadera historia y, mi vocación, comenzó cuando cursaba sexto en el colegio de primaria de Springfield, digo, Cronista Rey Díaz. En Lengua, nuestro profesor, don Francisco, nos alentó a escribir redacciones. Pero el verdadero origen fue en las lecciones acerca de los textos literarios. Me estudié esa parte como ninguna otra en la asignatura y quise poner en práctica la teoría; quise contar historias, aunque nadie las leyera. Descubrí que escribía para mí y por puro placer. En esa época salieron los primeros manuscritos en cuadernos escolares —los de cuadritos y dos rayas—. Lo primero fue una biografía: Historia y vida de José Luis de Bidasoa. Recuerdo que conté cincuenta páginas y eso para mí fue un logro. Con lo que me quedo hasta la fecha fue la inspiración. Narraba la vida de aquellos niños de la España de la posguerra que debían dejar el colegio para trabajar en el campo. Conocemos bien esa historia, ¿verdad?, la que nuestros mayores nos han trasmitido. Es emotivo recordar que, por motivos obvios, mis abuelos, Francisco Ríos y Concepción Raposo, leyeron el manuscrito. Les dije que la suya, la que vivieron por suerte o por desgracia, me inspiró. Esperaba que les trasmitiera algo, que se sintieran identificados. 

De pequeño, mi madre a los mandos del carrito y mis abuelos en 1990. Lo curioso de esta foto, es que la encontré en el ¡Archivo Histórico Municipal de Córdoba! Otra casualidad... o no.

 

Pasé un viaje de fin de curso espectacular con compañeros memorables y, al regresar al colegio, uno se enfrentó al terrorífico boletín de calificaciones. Como decía al principio, casualidad o no, don Francisco me aprobó Lengua —de suspender habría repetido curso—, con la condición de asistir a clases de refuerzo en 1º de la ESO.

He aquí una especial mención a mi profesora de Lengua e Inglés, ya en el instituto, doña Elvira. Ella influyó en el amor por la literatura. Gracias a ella me gustó escribir alguna poesía. Hablamos de 2001, la época en la que las librerías se engalanaban ante fenómeno de Harry Potter, de la mano del estreno de la primera película. La vi tantas veces que, en una hora libre, en clase, me puse a escribir el guion y paré porque me dije «¡para ya, loco, que vas a escribir toda la película!». Días más tarde, comencé una historia acerca de unos niños que se conocen en un colegio de magia y hechicería.

Lamento no recordar el nombre de la profesora de refuerzo. Aún parece que la estoy viendo con su pelo negro, corto y cardado; semblante serio, pero de gran corazón. El ambiente castizo contribuía: el instituto Luis de Góngora, un edificio del S.XVI, evocaba y te transportaba a otros mundos y otras épocas. El que lleve el nombre del gran literato del mismo Siglo de Oro ya dice mucho.

Aquella profesora nos leía clásicos y nos hacía partícipes. Aún conservo como oro en paño Platero y yo; el primero que nos mandó comprar. Y el siguiente fue El misterio del eunuco. Ya os digo que el ambiente y la dedicación con la que leía la profesora influyó muchísimo para que acogiera aquella novela; me hiciera click en alguna parte de mí. No quisiera alargarme y daros una sinopsis cuando se puede consultar por internet o comprar directamente el libro. Son esos libros que te apena cuando acaban y te dejan con ganas de más. Y yo, que ya tenía la literatura entre ceja y ceja, aunque no terminaba de despertar, quise continuar o contar mi propia versión de aquella historia.

Tenía un bloc en el que escribí las primeras de una historia que titulé La casa de la muerta —ni que decir hay que trataba sobre mi ya género predilecto que es el terror—. Lo taché y volví a hacerlo con Muerte en el alcázar. Azahara Abajar: una vida de sacrifico, ese fue el definitivo. Con el mismo boli dibujaba ilustraciones en las cabeceras de los capítulos y los coloreaba con ceras. Cuando acordé me bebí las ochenta páginas del bloc. Eso no fue suficiente. Volví al Todo a 0,60 (aunque para mí siempre era el Todo a 100 o los Veinte Duros) y mis padres me compraron uno rojo. La segunda parte, Azahara Abajar: devoción azaharina, la escribí en el mismo 2002. Por si esto queda para la posteridad, detallo que la acabé en la casa de mis abuelos ya mencionados al principio, en el patio de la casa nº 16 de la calle Cádiz de Lebrija (Sevilla); en mi rincón favorito, que eran las escaleras de acceso a la azotea. Cuando puse el último punto final, saltaba como loco exclamando «¡he terminado el libro!». 

La primera plana con aquella novela de terror que quedó en unas líneas. Esto es muy mío y lo admito: empezar algo y seguir con otra cosa.

 
Las otros escritos ya mencionados, mis créditos y el comienzo de Azahara Abajar. Observad la ilustración y las faltas de ortografía, de gramática, de estilo... Pero le tengo cariño, con sus miles de defectos, porque es parte de mi historia y muestra de mi crecimiento.

¡Había escrito un libro! Aquel chaval tuvo la ocurrencia —bendita ocurrencia— de enviarlo a su editorial favorita. ¡Quién no ha leído esos libros del Barco de Vapor! Metí los dos cuadernos en un sobre y lo envié a SM. En la carta de presentación admitía que no tenía talento, que comprendieran que era un chiquillo y tuve que escribirlo a mano. Lo que no tuvo desperdicio fue el excusarme por las faltas de ortografía. Pero lo que no tuvo desperdicio fue la respuesta. Quiero pensar, al igual que ese bloc rojo, que la carta siga oculta en algún rincón de mi casa. De tenerla delante, la conservaría como si fuera un diploma. Por lo que recuerdo, decían que no era lo que les interesaba para publicar —hoy lo entiendo—, pero que vieron en mí un talento y que no dejara de escribir. Ese ánimo compensó la tristeza por el rechazo. Por si no fuera poco, me obsequiaron con un ejemplar de El hijo de la hechicera, de Catherine Fisher. Por entonces, había transcurrido un año desde que terminara el libro y, adivinad dónde me lo leí: en la casa de Lebrija. 

tengo pendiente una relectura. Me gustó por entonces y, ahora más amante del género de fantamisterio, lo apreciaría muchísimo mejor.

 

Ha sido suficiente clase de lectura por hoy. En otra ocasión os contaré lo que siguió después: guiones u obras de teatro —según se mire— e Historias de Roberto: más que una novela son hormonas adolescentes. Esa que escribía por las noches en WordPad mientras escuchaba Sergio Contreras, la guardo en el cajón de sastre con cariño; a pesar de lo desastrosa que la veo ahora. Creo que nunca verá la luz.¿Y Azahara Abajar? La publicaría de preservar la inocencia del niño que la escribió, aunque a pesar de ese candor, hoy sería políticamente incorrecta.

Por cierto, aprobé tanto Lengua como Refuerzo.

jueves, 13 de julio de 2023

Publicar un libro o publicar libros

Me asaltan en redes sociales anuncios de editoriales (unas de autoedición o autopublicación) y otras tradicionales que invitan a escritores a enviar los manuscritos. He de admitir que paso un tiempo considerable de mi vida leyendo los comentarios, de todo tipo, y que no tienen desperdicio:
  •  "Si escribo mi vida en un libro, eso se convierte en  bestseller".
  •  "Yo más que escribir, quiero ganar dinero vendiendo libros como rosquillas". (Estos son de mis favoritos). 
  • "Quiero que me escriban el libro". 
  • "Yo soi escritor. E puvlicado con hesta editorial". (Empatizo con los correctores ortotipográficos y ya no digamos con los de estilo). 
  • "No confiéis en una editorial que te cobran por publicar", (No sabe cómo funciona la autoedición y autopublicación). 
  • "Yo tengo una istoria que va a ser ,; un vombazo .  Antes de henbiarla a la editorial quiero rejistrarla
Ed: Te hemos enviado un mensaje privado con toda la información.". 

Salta a la vista, ¿verdad? Que hay editoriales, incluso tradicionales de cuya calidad dependerán las ventas y recuperar o ganar lo que la misma editorial ha invertido, que les responden. Se agradece la oportunidad que dan a escritores noveles. Pero, al fin al cabo, aceptan manuscritos o no. Incluso una editorial de autoedición tiene unos criterios porque, más allá de las ganancias, en la calidad, las buenas reseñas de sus publicaciones, está la imagen de su sello. 

Hay una moda y todo el mundo quiere publicar, ya no solo escribir. Hay personas que solo quieren publicar un libro, ya sea para venderlo o regalarlo a familiares y amigos. Porque en la vida hay tres cosas que debemos hacer: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Alguien que no sepa escribir ,digámoslo así, también puede publicar si contrata a un escritor profesional. Pero ¿y la historia? Puedes haber tenido una vida interesantísima, aunque no hayas sido amigo del dalái lama. Pero serán los lectores los que lo decidirán y lo reflejarán en las ventas; amén de las reseñas. A su vez, el éxito y el interés de los lectores por tu obra se reduce, hablando en plata, a cotilleo. Cuando se publicó Harry Potter y la Piedra Filosofal en 1997, gran parte de su éxito, ya desde el propio lanzamiento, se debió al cotilleo pero el bueno. ¿Regresará Voldemort? ¿Por qué la cicatriz de Harry tiene forma de rayo? ¿Cuándo publicará la autora el siguiente libro? 

Por cierto, ya que hablamos de novelas, en dichos comentarios ofrecen relatos y algunos cuentos, pero muy rara vez las susodichas. Podrían novelar sus propias memorias y hacer de su biografía contada algo mucho más interesante. Pero es inútil seguir si obviamos la pregunta que esta entrada tiene como título. Desde hace un rato me he referido a los que quieren publicar libros y dedicarse a ello; que le pongan su nombre a una calle porque habrá dejado un legado. 

Si quieres dedicarte a ello, empieza por leer mucho. Ese es el consejo de oro... y lectura comprensiva. Escribir y escribir y escribir también, por supuesto. Escribir y leer, como hábito, lo asemejó a tocar a diario un instrumento. Cómo se dice en el argot, entre músicos, no pierdes labio. Pero eso no es suficiente y muchos profesionales olvidan o pasan a un segundo plano un tercer consejo tan o más importante: formarse. De la vocación ni hablamos. ¿Y la cultura general? 

No es necesario estudiar la carrera de escritura creativa, no cuando vivimos en la era de internet en el que miles de escritores y formadores nos enseñan desde cómo construir personajes, tramas o diálogos coherentes y atractivos. Muchos de ellos ofrecen cursos en plataformas, pero se valora muchísimo que dediquen su tiempo ofrecer recursos para escritores. Desde mi experiencia, aparte de la vocación que me viene desde la infancia, de esa manera me he formado. Y mucho más he aprendido con los correctores de mi editorial. 

No es necesario que os gastéis una pasta en un máster de escritura, pero sí es bueno que valoréis esos cursos. Echadle un ojo a Udemy y Domestika. Lo que es necesaria, es la paciencia; para empezar desde abajo e ir mejorando a la par del empeño y dedicación que le ponéis. Mucho antes os habréis hecho la pregunta, ¿verdad? ¿Queréis publicar un libro o queréis publicar libros? 

domingo, 2 de julio de 2023

"Un rinconcito de Cádiz"

 Os enseño una de mis acuarelas para refrescar tanto el blog como a nosotros. Cádiz es para mí algo más que una fuente de inspiración -tanto literaria como pictórica-; es la ciudad en la que nació mi bisabuela materna y, en cuya provincia (Sanlúcar de Barrameda), mi abuela y mis tíos. 

Un rinconcito de Cádiz, así la titulé. Está pintada con acuarelas en tubo de la marca Artix (comprada en un bazar junto con los pinceles) en papel Arches de 300g, granularidad fina y formato A4.

La foto que sirvió de inspiración:

En cuanto al libro, ya conozco la fecha de lanzamiento. Estad atentos a las próximas novedades. A partir de mañana lunes, con la editorial, comenzaremos la promoción y, en el transcurso, anunciaremos el sorteo de un ejemplar de En el nombre de Arcadia. Mensajes de ultratumba que Ediciones Arcanas realiza con los nuevos títulos que publica. También se dará a conocer muy pronto la cubierta, cuyas imágenes para portada y contraportada, son acuarelas que siguen el estilo que veis en la que comparto. El trabajo del diseñador gráfico ha quedado increíble.

Por cierto, decía que tanto Cádiz como Sanlúcar, son fuente de inspiración también en lo literario. Cuando leáis el libro reconoceréis los ejemplos, así como otros lugares; mi ciudad y provincia, Córdoba, no falta.

Feliz domingo y ánimo para aguantar este calor. Si tenéis ocasión de pasarlo en la playa o en la piscina, mucho mejor que poneros frente al ventilador y un vídeo de YouTube -un ASMR con el sonido de las olas- como única opción para imaginar que estáis fresquitos sentados a la orilla del mar (me he acordado en Gandalf en los Puertos Grises 😁). En ese panorama pinté esta acuarela allá por el 2021. 

¡Hasta pronto!


lunes, 10 de abril de 2023

Introducción a "En el nombre de Arcadia"

 En busca de su encuentro abrió la senda. Lo que comenzó en la infancia (casi en la adolescencia) como una afición y aquella prueba que fue autopublicar esa primera novela, va camino de convertirse en una carrera. Aunque es evidente que no puedo referirme como tal. Por mi parte seguiré trabajando en lo que me gusta, pero el tiempo y los lectores lo dirán. 
 
Ocurrieron muchas cosas desde aquel 2016, las cuales, desembocaron en la nueva obra que presento. Ya por entonces trabajaba en un ensayo acerca de la historia del ferrocarril en Córdoba. En el proceso de investigación histórica atrajo mi atención la crónica negra en torno a la antigua estación de esta ciudad. No me extenderé con los sueños (más bien pesadillas) que tuve con esa estación, pero sí diré que me llevaron a pausar el ensayo y bosquejar una novela inspirada en esta experiencia. Se iba a llamar o, quizá se llame en un futuro, La vieja estación. Planteaba los personajes y estaba inmerso en el argumento cuando me detuve y e ideé: "¿Y si traslado esta historia a un contexto de terror y fantasía medieval?". Al poco empecé con la construcción del mundo, proceso conocido en el argot como wordbuilding y, desarrollado, le siguió el bosquejo de este primer título de la trilogía En el nombre de Arcadia. Mensajes de Ultratumba. Como en aquella experiencia, los sueños cobran cierto protagonismo y, al igual que me ocurrió con la antigua estación, en ellos se manifiestan los espíritus para advertir, para enviar un mensaje que solo descifrarás si atiendes a las señales en tu entorno, en tu vida cotidiana; aquellas que parecen casuales. Así comienza Mensajes de ultratumba
 
Diré que fueron fabulaciones o "casualidades". No podemos afirmar algo que la ciencia no puede demostrar, ¿verdad? Quise darle un significado y encontrarle una relación, aunque fuera cierta o no porque recalco: la ciencia no puede demostrarlo y no podemos tratar de manera tan alegre temas sobrenaturales. Comencé a planear esta primera novela (soy escritor de mapa, como se le dice en el argot) el 31 de enero de 2021; quise que coincidiera con mi cumpleaños. Aún seguíamos con las mascarillas, las vacunas y el pasaporte COVID, los casos diarios, la incidencia acumulada... pero, sobre todo, creo que todos observamos que el confinamiento y lo que adoleció el mundo con esa pandemia marcó un antes y un después en el comportamiento humano; la mentalidad postpandemia, podríamos decir. Como era evidente, nunca supe qué trataban advertir los espíritus de la vieja estación en aquellos sueños. En el contexto de la época, quise darle un significado: advertían, no de la propia hecatombe, sino de sus consecuencias; la nueva humanidad. 
 
Sería pretencioso, y mucho menos cuando aún no se ha publicado, decir que con esta historia quiero lanzar un mensaje a esta sociedad. Como siempre digo, con que alguien me lea y sienta la historia, todo habrá merecido la pena. Ya sea tan solo para contados lectores o una comunidad, plasmar un mensaje positivo a un mundo que queremos que se pare para bajarnos o al que deseamos la llegada del asteroide que nos extinga. Como toda novela, quiero contar una historia entretenida que logre evadir de la realidad, pero más sentido cobra si los lectores la sienten, empatizan con los personajes, con lo que sucede, con la lucha por defender lo que consideran bueno cuando se ve amenazado. Eso es Arcadia: una ventana a ese mundo mejor y un soplo de esperanza en un mundo como el que vemos en nuestro alrededor o en las noticias. En este caso, pretende mantenerse como el paraíso bucólico de la Arcadia real en la que se inspira, pero, en verdad, ese jardín del edén puede estar dentro de nosotros, aún en el mundo oscuro y difícil. Todo depende de si somos capaces de sonreír cuando nos ahogan los problemas, de la forma en la los afrontamos.
 
Y después de esta base que sostiene y da sentido a la toda la trilogía, le sigue todo elemento que se tercie en este género. A los pies del castillo de Clachgem se emplaza Cruinn, aldea habitada en su mayoría por seres de la raza de los clannadurs. A esta estirpe pertenecen el rey de Arcadia, su hermana la princesa y su íntimo amigo Maddox. Todos ellos moran en la citada fortaleza en compañía del senescal del rey, Gwyddyon, al que llaman "Widdy". Como en toda historia, tiene que haber el desencadenante que da lugar al conflicto. Imaginad el relincho de la caballería, las luchas a espada y el fuego; para bien o para mal, muy presente. Por el momento, aporto esta pincelada.

Gracias por vuestro tiempo. En adelante iré comunicando las novedades que atañe tanto a la inminente publicación de este primer título como a los detalles de la propia historia.   

   A. M. Lara Ríos