domingo, 11 de febrero de 2024

La economía en "En el nombre de Arcadia"

 

Un clannadur da de comer a las gallinas junto a su choza. Estas chozas conforman la aldea de Cruinn. No hay puertas ni cercados; nada más que la empalizada. Aquí no desconfían los vecinos. Todos se conocen. Al fondo, sobre el otero, el castillo de Clachgem con su foso de fuego.

Antes de nada, trato el aspecto económico de mi mundo ficticio a colación de las movilizaciones de la sociedad rural, pero no lo hago por novedad y mucho menos me aprovecho del pesar de las gentes del campo para promocionar mis libros. De hecho, me parecería deleznable. Desde el comienzo con la construcción de mi mundo han pasado años y ya me inspiró este problema; por lo que no viene de ahora. Aquí empieza el origen con una anécdota que, aunque la conté en otra entrada, la recuerdo.

 Por entonces la pandemia daba sus coletazos. Una siesta me eché en la cama y me relajé con un vídeo de YouTube de música ambiente, en concreto, de la Comarca; Hobbiton. Como bien expresó Jaime Altozano en su análisis de la banda sonora de El Señor de los Anillos, sin duda viola la mente. Para no olvidar que como sociedad ya estábamos muy quemados con el confinamiento, la pandemia y todo lo que sabemos. Escuchar aquello fue como un oasis en el desierto; un remanso de paz en el infierno. Leí los comentarios y la gran mayoría ensoñaba con vivir en ese paraíso que era Hobbiton. Os digo que ahí fue donde en verdad descubrí a Tolkien. No lo consideré un plagio, sino que quise crear una tierra idílica a semejanza de aquella al norte de la Tierra Media. Esto puede parecer gracioso porque puse en Google «tierra idílica» y me apareció la mítica región griega de la Arcadia. Ya indagué y supe de las bucólicas, la vida pastoril y ese paraíso en armonía con la naturaleza. Aunque no quité ojo a la Comarca. Una vez más volví a documentarme para reforzar la inspiración tolkieniana, en este caso, referente a la economía, y descubrí que se basó en la llamada «economía distributiva».

Con una base me puse manos a la obra y construí la economía arcade partiendo de la base: producen lo que necesitan, cooperan y tienen libertad para trabajar en lo que consideren. Por supuesto, los arcades se toman muy en serio la sostenibilidad y recalcan el cooperar; no pisar al otro. En lo que se emplean los arcades es tan variado como ilimitada es la imaginación. Abundan los hortelanos que tienen la casa en su parcela. Subsisten de los frutos del huerto e incluso de los huevos que dan las gallinas y el excedente suelen venderlo en el mercado o ir puerta por puerta. Ahí está: como deseen. En el entorno urbano se da más bien la artesanía que no difiere mucho de la agricultura, la pesca y la ganadería; sin contar a leñadores, mineros, etc. Aquí se ve esa cooperación; cómo el trabajo de uno sostiene el de otro. Por ejemplo, os muestro esta cadena: si el agricultor o el ganadero no produce el artesano no come y evidentemente muere de hambre. Si el minero no proporciona mineral de hierro al herrero este no tiene materia prima con la que trabajar. Si el herrero no forja, el guardia del castillo se puede olvidar de serlo porque para empezar le faltaría armadura y armas. Pero, como en Hogwarts, en Arcadia siempre se prestará ayuda a quien lo necesite. Recalco esto en relación con la competencia: cada cual procura ofrecer el mejor producto, esperan que los demás también lo hagan, pero nunca compiten a mala leche. Aunque este reino es muy pequeño, por lo que evidentemente no todos los recursos los tienen a mano. Aquí entra el papel de comerciantes (los que transportan las mercancías o, en este mundo, mercaderías) y mercaderes (que en este mundo son aquellos comerciantes o no, que venden en los mercados). Si un tejedor quiere lana de ovejas de la Gran Llanura (equivalentes a las merinas manchegas) o seda que solo se produce en el lejano oriente, un comerciante tiene que hacerse a la mar y traer esa materia prima o también productos manufacturados. El tejedor vende las bovinas de hilo al sastre, este confecciona las prendas y viste a todo un pueblo.

El primer libro de la trilogía comienza con un discurso del rey Éamon I de Arcadia que pronuncia en el acto fundacional del reino. Os dejo el fragmento para comprender mejor la esencia de Arcadia y cómo el aspecto económico cobra mucho peso:

 

—El rey Sigfrid III y yo compartimos aquello que nos inculcó nuestra madre —se dirigió el monarca a los arcades congregados a los pies del cerro de Clachgem—. Gracias a tan inmerecida regalía, gracias a las mercedes de mi hermano, puedo decir que: sobre estas prósperas tierras, hoy, primer día de la quinta luna del año 1016, podamos dar la bienvenida a un nuevo reino; aquel que no termina en sus verdes colinas, en los deliciosos frutos que dan sus bosques, en sus esbeltos edificios y humildes chozas, o en esta «joya de piedra» donde me hallo. Hoy, consumamos el deseo de Ailish; el deseo de materializar el renacer de aquella legendaria Arcadia. Aquel lugar en el que, si no tenías las suficientes monedas para pagar el pan, podías ofrecer algo material o tu trabajo a cambio; en el que si eras honrado y diferente, no te sentías afligido en tierras extrañas, pues nadie te juzgaba por tus diferencias; en el que el más pobre era el más aclamado; y en el que el amor, la paz y la justicia eran los verdaderos reyes.

»Nuestra madre tenía un sueño: que la vieja Arcadia regresara para erradicar los problemas que azotan el mundo. Pero era una utopía en un mundo de opresión, en el que lo más difícil era destacar. Creía que las limitaciones de los sueños no eran más que los propios límites que nos ponemos nosotros mismos; y nadie sabe dónde acaban sus capacidades. Eso no es lo que pretende representar el ímpetu de este reino. Arcadia es el ser de capacidades condicionadas que es apoyado por la comunidad para valerse de sus fortalezas; es la totalidad de esas gentes cuyas diferencias no condicionan la forma de ser tratadas; es la suma de aquellos para los que su sabiduría no es objeto de competencia, sino algo digno de ser compartido. Porque la estarán ayudando a tomar la Espada Divina y serán testigos de su gloria. Arcadia es la delgada línea que separa la luz de la oscuridad. Esa línea que marca la frontera entre la libertad, el respeto y el libertinaje; entre la recompensa y el castigo; o hasta qué punto se puede llegar para defender el bien, aunque ello implique cuestionar nuestra moralidad.

»Antes de terminar y dar paso a la lectura por parte del bardo de las hazañas a lo largo del camino que aquí culmina: solo el corazón más puro podrá comprender y albergar la esencia de Arcadia.

 

Ya habréis notado otro aspecto como es el trueque. Se me ocurrió al suponerme que iba a desayunar a un bar y al abrir la cartera descubría que no tenía para pagar. En uno donde eres cliente te lo dejan fiado. Pero y si lo tomaran como que has consumido, no pagas ergo estás robando. A los arcades también les puede pasar. Aquí encontré la inspiración en un reality que veía en Discovery, Mi familia vive en Alaska, en donde más que ganar dinero para consumir/pagar, ofrecían a cambio lo que podían. Por ejemplo, si alguien quería unos listones para la casa que estaba construyendo le pintaba la casa al maderero y con ese trabajo ya pagaba los listones. Tenemos también el clásico en un bar como es fregar los platos si no pagas tu consumición, por el motivo que sea. Con esto se denota algo principal a lo que me refería al principio: ellos se buscan las habichuelas y entre ellos saldan deudas. Hasta la fundación de Arcadia carecían de tanta libertad y estaban sujetos al feudalismo. Esa es la clave: sujetos, ya sea al noble señor propietario de los bienes, a la Corona o el Clero. Los arcades optaban trabajar por cuenta propia, pero si alguno prefería hacerlo por cuenta ajena, tampoco estaba reñido; era su decisión. Ahí está, porque son libres para emplearse cómo en lo que quieran.

¿Y cómo se sostiene la propiedad pública mediante los tributos? El caso arcade se puede dar con mayor facilidad por su pequeñez. Esto lo vemos en la realidad: los países más eficientes, más perfetos en todos los sentidos, son los más pequeños; Suiza e Islandia entre otros. Para empezar, hay una mentalidad arcade en el que son responsables. Ningún poder tiene que obligarles a tributar. Por ejemplo, que hay que se ha derrumbado un puente y el rey necesita dinero para costear la reconstrucción, se divulga la problemática y se le dice al pueblo va a ser tanto. Entre todos cooperan, ya sea aportando desde los mismos materiales o mano de obra, o dinero. En el caso de pagarle el sueldo a los trabajadores públicos, pues también los arcades donan de su patrimonio lo que consideren. Lo bueno es que aquí no hay picaresca gracias a dicha mentalidad. ¿Y cómo se financia el rey y su séquito? El rey y los suyos moran en el castillo de Clachgem y si reciben salario por parte del pueblo es solo y exclusivamente debido a su trabajo al servicio del pueblo. Para lo demás el castillo es autosuficiente. Es más, hay artesanos o también reposteros (como esos dulces del convento) que venden sus productos para ganarse su dinero de manera honrada.

¿Os gustaría vivir en Arcadia? ¿No? Puede que no, ya que para empezar el libro de los gustos está en blanco. Toda opinión constructiva y argumentada es respetable. De hecho, algo también presente en la esencia de Arcadia. esto el principio que se nos presenta como el inicio de El Señor de los Anillos, con los hobbits muy felices en los quehaceres. ¿Y por esa regla de tres los clannadurs son los hobbits? Están inspirados. Incluso hasta los políticos eran honrados y solo querían el bienestar del pueblo. Os dejo otro fragmento del discurso que pronuncia el gobernador de la nación y rey de Castrum, Sigfrid III, en el primer aniversario de la fundación de Arcadia:

 

—Este reino no pertenece a ningún noble señor, os pertenece a vosotros y, por ello, campesinos, artesanos y comerciantes quedaréis exentos del tributo hacia los señores. Clypeus será misericordiosa ante las dificultades que se presenten con el pago de otros tributos como el destinado a la corona que ostento o el reservado a la Sagrada Luz Divina y su máximo representante en el mundo, el santo sacerdote.

»Nunca me cansaré de mostrar agradecimiento por vuestra entrega en esos recientes tiempos de guerra. La sangre derramada por vuestros allegados, el valor de enfrentarse a la Causa y la persecución de un sueño hizo posible que hoy celebremos el primer año de vida de este reino y el de una nueva Clypeus. Y qué mejor representada queda la nueva nación que con el corazón y el valor de los clannadurs y humanos que la habitan. Como sabéis, tan azotadas fueron nuestras tierras que aún son visibles los estragos y aún falta el pan que debería alimentar a muchos de vuestros congéneres. Os animo a que sigáis trabajando hasta que elevemos Arcadia bien alto, hasta el cielo, para que la Luz Divina pueda tocarla y convertirla en ese soñado paraíso. Desde mi gobierno, os aseguro que cada pequeño y gran esfuerzo será reconocido y recompensado, pero no habrá mayor satisfacción que lo obtenido en vuestro propio beneficio.

»Disfrutad de la fiesta y vivid el presente que os habéis labrado. Recordad que de los granos se forman las piedras, con ellas se construyen las fortalezas y gracias a estas se constituyen reinos y naciones.

 

¡Quién tuviera un político así! Pero, lamentándolo, si no hay conflicto no hay historia. El aspecto económico se presenta al principio en detalle porque indica esa fuerza que cobrará cuando el reino de la luz dé paso al caos. Ya no solo en el primero, sino en toda la trilogía. Aquí viene la semejanza con la realidad. El segundo libro comienza con protestas porque tanto el Clero como la Corona intervienen en su abuso de poder que llevan al límite al pueblo arcade que, en una situación brutalmente adversa, se ve abocado, digamos, a abandonar esa mentalidad. Como dicen por entonces, «antes nos ayudábamos y ahora nos matamos los unos a los otros por un mendrugo». Si alguien va por el campo y arranca una bellota de la encina ya no puede porque necesita una licencia. Porque nada en la tierra, ni sobre ella ni bajo ella, está para el disfrute del pueblo sino bajo el control de los mandatarios y los nobles señores, que son amiguetes del poder siempre que le unten la tostada. Si alguien quiere esa bellota, debe ir al mercado y comprarlas a granel. El mercader ganará una miseria, el bellotero autorizado lo mismo o menos, y la mayor parte irá destinada al gobernador y al santo sacerdote; y si procede reparten con el señor si las tierras de encinar son de su propiedad. Ese mercader, y todo el que trabaje por cuenta propia, no podrá seguir viviendo, no le será rentable cuando paga más de lo que gana y se verá abocado a convertirse en vasallos de los nobles. Decía que quién no querría tener a un político como Sigfrid. ¿Veis que promete el cielo y la tierra? Ya suponéis qué pasa después. Y a todo esto hay que añadir que, en mi rol de dios, les envíe una sequía.

En el nombre de Arcadia es una trilogía de fantasía y terror. Creo que todos preferiríamos que esta problemática también fuera algo ajena a nuestro mundo racional y propio de la fantasía. Y para terror, no sé a vosotros, pero le temo más a vivir arrodillado, a las consecuencias que traen esta sucesión de fatalidades, que a los fantasmas y a los demonios. Estas fatalidades, como la bola nieve que se va haciendo cada vez más grande, desembocan en el cataclismo que protagoniza el conflicto principal en toda historia épica que se tercie.

Como decía al principio, no os hablo del libro en este momento para aprovecharme de la novedad. Repito que lo escribí hace años y ya me inspiré en la realidad. Vemos en los medios las movilizaciones, señal de que sigue ocurriendo y además con agravantes. En este mundo de Arcadia, desde los reinos hasta las naciones están sometidos al imperio dominiano. No os diré en qué me inspiré, pero sí que guarda mucha relación con lo que reivindica el campo. Me gusta utilizar el muestra, no cuentes, por lo que ya deduciréis que pongo el ejemplo del libro para transmitiros de una manera más ilustrada qué pide el mundo rural y cuál es el problema. El mundo bucólico de Arcadia que os e presentado es mi alter ego. Ya me gustaría cambiar la ciudad por una casita en el campo, comiendo de mi huerto y mis gallinas, ayudando al vecino de la finca de al lado y entre todos cooperando para vivir (que no enriquecerse y menos a costa de nada (abuso de recursos, por ejemplo) ni de nadie. ¿Quién no querría vivir el modo que ha elegido y en paz? Me apena muchísimo, incluso me aterra, el que esté viendo en la realidad el conflicto que imaginé para la ficción. Aquí sí que podemos decir, y en mayúsculas, la realidad supera a la ficción.

Evidentemente no voy a despedirme sin deciros que, para publicar esta entrada, el hablar de la economía en Arcadia, me inspiré en Nazaret Martín C., quien nos ha acerca desde hace tiempo la vida bucólica; más en estos días cuando no solo nos ha explicado, sino que nos ha trasladado esa problemática que para la mayoría queda en ver tractores cortando carreteras. En este vídeo explica lo que está pasando. Si os suscribís y la seguís mejor.



Sobra decir que escribo esta entrada como forma de apoyo; que tanto empatizo como que el problema real coincide con el de mi ficción. Si se comparte, no lo agradeceré por el simple hecho, sino porque llegue a más gente y, junto con vídeos como los de Nazaret, comprendan mejor lo que está pasando en el campo y cada vez seamos más los que empaticemos.

Gracias por leerme.

miércoles, 7 de febrero de 2024

Este es el currículum que quiero echar

 


Siento no querer dedicarme al sector sanitario —como auxiliar de enfermería— y sociosanitario. En definitiva, he sido un buscavidas y no le he hecho ascos a otros empleos que podía desempeñar, como en limpieza; en concreto, en saneamiento. Eso no resta que haya perdido mi vocación por ayudar a personas dependientes, que, al fin y al cabo, fue para lo que me formé en lo académico.

Pero, como el amor y los propios sentimientos, llega un punto en el que uno no manda en lo pasional. Lo siento, pero quiero trabajar en lo que me gusta. Cambiando un pañal o aseando al usuario lo hago con la profesionalidad para la que me preparé, pero siento que no me sienta realizado; no sea a lo que quiera dedicarme. Espero que haya sido una etapa que me ha aportado muchísimo —cómo no viniendo de una persona dependiente que lucha contra sus bazas y con ello te enseña— hasta como autor. Ahí está la inspiración en lo que escribo; ya le dediqué una entrada en el blog.

Puede parecer que esto es un capricho relativamente reciente. En la reflexión del pasado domingo ya dije que no empecé a escribir ayer. Veinticinco años ya. Y dibujando desde que tengo uso de razón. Mis padres conservan —o eso espero— mis dibujos de cuando estaba en preescolar. Aprovecho para enseñaros el diploma del único concurso que he ganado en mis 35 años de vida. Fue un concurso de dibujo en el colegio, en 1º de primaria. En el diploma pone «participación», pero porque era genérico para los compañeros que participaron. Como para no olvidar ese momento en el que me eligió un jurado ganador por un dibujo del que recuerdo mucho azul, mucho cielo y sin salirme. Pero es que incluso recuerdo de la guarde el darnos las notas y destacar en Dibujo y Colores; también una bronca de mi madre porque me pusieron «regular» en Lenguaje. De la escultura y mi pasión innata con la plastilina y la arcilla ya hablamos otro día.

Este ha sido el único concurso que he ganado en mi vida. Desde este verano me estoy moviendo más, también concursando en certámenes y sorteos, pero hasta ahora no he sido agraciado... ni con el reintegro de la lotería. Luego que si me río de mí mismo. Si es que la vida me lo pone a huevo.

 

Con esto os digo que esta es mi vida desde pequeño. Como hobby todo era de color de rosa. Lo que hacía, y creo que mantengo esa consideración, lo hacía para mí y porque era lo que me gustaba; sin más interés que enseñarlo y que me dijeron «¡qué bonito!».Eso cuando pintaba donde debía. ¡Cómo no!, yo era de los que pintaban en las paredes. Pero parece que a mi madre le gustó que ilustrara, y con dos añitos que tenía, el libro Tratamiento natural de las enfermedades infantiles del Dr. H. M. Stellmann, que precisamente consultaba cuando me ponía malo. 

Ya con dos años, en el 91, expresaba lo que veía. Como veis, esto dibujaba después de una tarde en la antigua estación de Córdoba.

Ya veis que, al menos, respetaba el texto.

Mi madre lo firmó por mí. Ya veis que llevo dibujando desde que tengo uso de razón. Este es el libro ilustrado por mí que conservo, pero no fue el único, claro.


Este lo recuerdo sobre finales de los 90 o principios del 2000, cuando el Cristo de la Agonía de Córdoba salía de una ermita en el monte. Desde siempre, igual con la escritura, expreso lo que veo.

También he de comprender que llevo tiempo promocionándome en redes (meses) pero me da la sensación de que esto no termina de arrancar y no puedo avanzar como ya me gustaría. Ya traté estos temas con mayor profundidad aquí y aquí, respecto a trabajar de lo que nos gusta; alcanzar estas metas. Intento ir al grano que ya me conocéis cuando caigo en divagaciones.

Empezando por anteanoche que tuve una pesadilla en la que estaba en la casa de Lebrija y se aparecía un niño que quería jugar conmigo. Pero enseguida me aterroricé porque, aparte de la mera aparición, supe que tenía delante un demonio que se me presentaba en la forma de niño. Traté de esconderme en las habitaciones, creí perderlo de vista hasta que me encontré con mi Boby. Se le encendieron los ojos rojos y también se le iluminaban los orificios del hocico. Salí de la casa, mi perro, ahora demoníaco, no dejaba de mirarme como el depredador que espera el momento para atacar. En un momento dado el demonio abandonó el cuerpo y se me presentó. Lo más aterrador, y así lo sentí en la consciencia del mismo sueño, fue que vi a… (no voy a nombrarlo), el que aparece en la película de El Exorcista creo que en la cocina con aspecto humano. Aquí llegó el clímax que hace que te despiertes. Me desperté en mitad de la madrugada, pero no quería ni abrir los ojos. Tenía miedo de volver a dormirme y regresar a la pesadilla. Volví a caer y esta vez soñé que empezaba a trabajar en un restaurante que era un chalet varias plantas, una de ellas dedicada íntegra a la cocina. Todo parecía normal de no ser porque estaba encantado. Procuraba centrarme en el trabajo en la cocina, pero sentía que los espíritus me llamaban; es más, los percibía como meras presencias. Ya estaba al límite y me ausenté como si fuera al baño. Pero salí por una ventana, trepé por la fachada hasta la planta de arriba que estaba abandonada y ahí se concentraba toda esa energía. Me asomé, no vi nada fuera de lo normal, pero percibía que los espíritus que me llamaban me esperaban. Pero ya me desperté.

Cuento esto porque parece ser que las pesadillas responden a nuestros demonios interiores; cuando no paramos de dar vueltas a ese tema que nos preocupa. Al día siguiente (ayer martes), seguí. Este tema va en aumento. Odio verlo de este modo, pero si quiero trabajar de esto, tengo que obtener beneficios. Mientras tanto, y comparándome con la inmensa mayoría que tienen trabajos normales y duros, me siento un nini. Con mi entorno cercano lo hablo mucho cuando me aconsejan que busque de lo mío, al menos, mientras tanto. Soy consciente de que estoy construyendo castillos en el aire e incluso tengo pajaritos en la cabeza. Ahí se presenta el primer dilema. Lo que sí os digo es que llevo ya un tiempo (unos añitos) tomándomelo como un trabajo. Por ejemplo, con la escritura, más cuando estoy escribiendo un libro como fue el de En el nombre de Arcadia o este último, La Navidad de los ambulantes, procuro mantener la constancia hasta el punto de considerar mis sesiones de escritura como una jornada laboral más. Los detalles hablan por sí mismos. Me di cuenta cuando había días en los que me apetecía, pero me obligaba. Algunos días me los tomaba de descanso y me sentía fatal. Yo mismo me decía que todo el mundo el no tiene las mismas ganas de ir a trabajar todos los días, pero nadie dice: «hoy paso de ir a trabajar. No me apetece». Y hablo yo de trabajo. Por eso digo en broma lo de «un trabajo normal». Comprendo que todo el mundo que madruga, se parte el lomo, gana una miseria para hacer frente a todo lo que bien sabemos, esto son castillos en el aire y pajaritos en la cabeza. Ahí está esa batalla interna. A veces me llego a preguntar: ¿estoy haciendo algo con mi vida? O quizás este es el comienzo y está resultando difícil; tampoco me esperaba que fuera fácil. Esa es la mayor baza, a las que se le añaden las que desarrollé en esas entradas que enlazo más arriba. Resumiendo, estoy muy maniatado (amordazado, no tanto, porque gracias a Dios me puedo expresar. Aunque siempre con mucho tiento). Ya me gustaría vender por mi cuenta; tanto los libros como los dibujos. Cuando voy por las zonas más turísticas de mi ciudad y veo esas mesas con láminas para la venta me da envidia de la sana. Y si no de manera presencial, en nuestro tiempo tenemos la ventaja de internet. Ni siquiera puedo organizar un crowdfunding. Hasta podría monetizar los blogs, aunque, alcanzando unos requisitos con un mínimo de seguidores y visualizaciones. Pero me daría de boca contra el mismo muro. Se nos explica aquí.

De esto hablo a menudo con mi entorno cercano. Me dicen que por un poco de dinero que recibas tampoco es que te vaya a venir el FBI a casa. Ya sabemos que la ley no permite ni un euro. Es mejor no arriesgarse. De la única manera en la que puedo percibir es mediante las regalías. Entre muchas formas, autopublicando en Amazon porque los autores en ese caso no manejamos IVA sino la propia tienda, por lo que no tenemos que declararlo, pero sí toda regalía que percibamos. Con el servicio de distribución que ofrece una editorial, pues lo mismo. No tendría ningún problema en darme de alta; de hecho, es lo que me gustaría. Además, así me profesionalizaría desde el momento en el que señale la casilla del epígrafe para escritores y artistas del modelo tal. Tarde o temprano, quiera o no, tendré que dar ese paso. Y aquí hay algo que se añade a mis temores y es que la Administración tiene en cuenta si escribo o dibujo como hobby —y además lo compagino con otro trabajo— o si me quiero dedicar a ello, con lo que se consideraría como actividad económica y me tendría que dar de alta; aunque los beneficios sean 0. Y aquí está el detalle. Hablando en plata, si gano 0 tengo que soltar 300 pavos de cuota al mes; y eso el mínimo. Sí, ya sé lo de la tarifa plana, que los gastos desgravan y, lo primordial, que cotizas. Ya me gustaría. En mi opinión, consideraría más justo el que la cuota fuera proporcional al cómputo de beneficios y gastos. Esto me recuerda a una escena de Los Simpsons en la que dice Homer: «¿Cuánto es el % 0? ¡Y no me diga que 0!». Para la Administración sí que el %0 es un valor mucho mayor. 

Ya no digo que te quede para sacarte un sueldecillo, sino el hecho de algún mes o varios no ganar nada. De hecho, eso es común en ilustradores o escritores profesionales en el ámbito periodístico. Supondría ponerlo de tu bolsillo, y si es que tienes para pagar la cuota. Todo esto reflejo en lo que escribo. De hecho, el segundo de la trilogía de Arcadia arranca con esta problemática.

Y retorno a mis libros. La Navidad de los ambulantes, aparte de que lo escribí porque quise y disfruto con lo que hago, supuso una prueba. Tanteé cuánto tardaba en escribir una novelita corta, dedicándole tanto al día y, según el número de palabras/páginas, qué beneficios podría obtener. Y aquí otra problemática. Bueno, me lo tomo con humor. Anoche mismo consulté los informes y seguía la única venta; además en e-book. En concepto de regalías me gano 32 cents. Pero lo gracioso fue comprobar que aún no lo ha leído. Para los que no lo sepan, en estos informes de la editorial de Amazon (KDP) aparece hasta las páginas leídas en e-book.Pero bueno, tomándolo con optimismo, lo que no se lee hoy ya se leerá mañana. Además comprendo que vivimos en la cultura de la inmediatez/impaciencia.

Lo que no me voy a quedar es quieto. Ya por cabezonería. Volvemos a lo mismo: aún sin ganas, acudes religiosamente a tu trabajo. Empecé hace una semanilla o cosa así algo ambientado esta vez en el mundo de Arcadia. No me gusta verlo de esta forma, pero si da para otra novelita corta la publico en Amazon y me dará beneficios o me pasará como con los Ambulantes. Pero como no conseguiré nada es quedándome de brazos cruzados. Ahí está: sin saber procuro seguir adelante. Ni siquiera tengo un mínimo de opiniones/reseñas (más efectivas con detección de fallos que para mí pasan desapercibidos) para saber si es aceptable o no lo que escribo. Yo sigo pa’lante. Ahí aparece otra cuestión: entiendo que esto es proporcional a la cantidad de gente que me conoce como autor. Por lo pronto depende de que hagamos trabajar a los algoritmos para que lo que publico en redes le aparezca a más gente; mejor incluso compartir para que llegue a más. Así se empieza a emprender. Con tienda o un bar ocurre lo mismo. «Boutique Mary». Traerá género de primerísima calidad, los mejores tejidos, alta costura… pero quién va a entrar si nadie conoce ni la tienda ni mucho menos el género. Y encima como esté escondida en un callejón. Y yo porque no tengo esos gastos, pero Mary tiene que pagar módulos, luz, local, facturar y a los proveedores. Ya conté estas Navidades algo que se vio en una mercería de Cádiz que pedía difusión porque ya iba a cerrar. La gente compartió y a los días subieron una foto, ya no con la tienda llena, sino con la gente haciendo cola. Con esto os digo que sin vosotros no hay nada: ya sea bar, Boutique Mary, «me ofrezco a cuidar mayores o niños», libros o cuadros/láminas/pinturas. Por vuestra parte, también tenéis talentos y os gustaría trabajar en lo que os gusta, si no lo hacéis ya. En todo caso, luchad por vuestros objetivos y espero que los demás os echen esa mano tan imprescindible.

Voy a procurar ir terminando. Empezaba con estas dos pesadillas, y consecutivas, para después de haberos soltado esta chapa contaros otro sueño curioso. Quizá tenga esa interpretación de los sueños, por eso lo he contado en detalle con el añadido de lo que me preocupa. Esta noche indagué por internet algo que odio como es «literatura de mercado», por si escribo esa novelita que me dé beneficios sobre un tema que venda en detrimento de lo que me gusta. Tengo varias historias planificadas para lo que salga llegado el momento. Entre estas un caramelito que reservo. Llegué a plantearme anoche empezarlo ya. Pero, por otra parte, y me odio por esto, tiempo que me lleve, tiempo que sigo sin percibir nada. Y contando que no me pase lo mismo que con La Navidad de los ambulantes.

Después de rayarme un día más, es normal que esto se refleje en los sueños, como pasó con las pesadillas de la anterior. Anoche soñé que estaba en mi habitación, tenía desparramados por el suelo los juguetes de mi infancia que conservo de recuerdo. Evidentemente tenía que recogerlos, pero con todo lo que os he soltado estaba bloqueado. Me agobiaba más y más. Creo que hasta de las orejas me salía vapor a presión, como en los dibujos, hasta que reventé y me lie a patadas con la cama. Al poco desperté y después ese arrebato, aunque fuera en sueños, me hizo reflexionar. Creo que la interpretación del sueño es evidente.

Gracias por leerme.